
Mario Benavides soltó un estraño sonido, más parecido al gruñido de un cerdo que al que debería soltar un tio al que acababan de pegarle una patada en los cojones. Desde que supo que Toni "el frágil" no había muerto en el tiroteo de la calle Trafalgar, Benavides temía que llegara este momento. Revolcándose por el suelo de su pequeño apartamento, con la cara reventada y la polla y los huevos ardiendo por el dolor, esperaba lo peor con santa resignación.
Mad Rabbit lo levantó del suelo con un rápido movimiento y, mientras Felix "el amable" rebuscaba en su nevera, Toni "el frágil" descargó un puño sobre su ceja izquierda, haciendo que la sangre saliera a borbotones.
Toni, bajo la atenta mirada de sus dos socios, estaba haciendo un trabajo limpio y concienzudo. Desde que Benavides le llenara el cuerpo de plomo y le dejara, a modo de cortesía, una bala cerca del cerebro, a Toni había que vigilarlo de cerca. De vez en cuando se le iba la cabeza y podía cometer cualquier incoherencia. Pero en esta ocasión en la que, un año y dos meses después de encajar esa bala, se estaba vengando del hombre que le había tiroteado, Toni parecía un tipo de lo más cuerdo.
Después de romperle tres costillas, cinco dientes, reventarle la ceja y la nariz y, de regalo, extraerle un ojo, Toni "el fragil" y sus compinches, subieron a Benavides a patadas hasta la terraza y lo arrojaron por el patio de luces. Mientras lo hacían una vecina bonita y de poderoso escote apareció en la terraza. Había subido a tender la ropa y lo que vió la dejó de piedra. Su cuerpo fue incapaz de reaccionar y echar a correr escaleras abajo. Acababa de ver como tres tipos arrojaban a otro, con un globo ocular colgando de su cuenca, desde un sexto piso .
Toni "el frágil", todavía jadeando por el esfuerzo (se empeñó en levantar él solito a Benavides), se acercó a la muchacha. Se quitó las gafas de sol y le dijo: -Menuda tarde de perros. Dos billetes sencillos y uno infantil, por favor.
Mad Rabbit lo levantó del suelo con un rápido movimiento y, mientras Felix "el amable" rebuscaba en su nevera, Toni "el frágil" descargó un puño sobre su ceja izquierda, haciendo que la sangre saliera a borbotones.
Toni, bajo la atenta mirada de sus dos socios, estaba haciendo un trabajo limpio y concienzudo. Desde que Benavides le llenara el cuerpo de plomo y le dejara, a modo de cortesía, una bala cerca del cerebro, a Toni había que vigilarlo de cerca. De vez en cuando se le iba la cabeza y podía cometer cualquier incoherencia. Pero en esta ocasión en la que, un año y dos meses después de encajar esa bala, se estaba vengando del hombre que le había tiroteado, Toni parecía un tipo de lo más cuerdo.
Después de romperle tres costillas, cinco dientes, reventarle la ceja y la nariz y, de regalo, extraerle un ojo, Toni "el fragil" y sus compinches, subieron a Benavides a patadas hasta la terraza y lo arrojaron por el patio de luces. Mientras lo hacían una vecina bonita y de poderoso escote apareció en la terraza. Había subido a tender la ropa y lo que vió la dejó de piedra. Su cuerpo fue incapaz de reaccionar y echar a correr escaleras abajo. Acababa de ver como tres tipos arrojaban a otro, con un globo ocular colgando de su cuenca, desde un sexto piso .
Toni "el frágil", todavía jadeando por el esfuerzo (se empeñó en levantar él solito a Benavides), se acercó a la muchacha. Se quitó las gafas de sol y le dijo: -Menuda tarde de perros. Dos billetes sencillos y uno infantil, por favor.




